sábado, 12 de enero de 2013




LA SIRENA


No sabía nada de ella. Estaba pasando unos días en la playa, de vacaciones, y se la había encontrado varias veces.  En la playa, tumbada en la arena, en el chiringuito. Se habían mirado con disimulo. Posteriormente se miraban con descaro. El se fijaba en todos sus movimientos. Se sabía su figura de memoria. No era muy alta, rubia y con un espléndido cuerpo. Usaba un bañador de lycra que se le ajustaba al cuerpo como una piel añadida. En realidad daba la sensación de estar desnuda. Sus senos, altos y prominentes, daban la sensación de ser duros y erectos. Las piernas largas y bien formadas con unos muslos musculosos y ágiles. El vientre plano hacía resaltar,  aún más, el tamaño de sus pechos. El bañador de tan ajustado marcaba completamente los pezones como si no existiese ninguna tela sobre ellos. Lo mismo ocurría en el sexo. Se marcaban claramente los labios mayores y la tela de lycra se hundía entre ellos. Verdaderamente poseía un cuerpo de diosa pagana y un hermoso rostro de niña inocente y picara. Cuando se acercaba al chiringuito era la sensación de los hombres allí presentes y de muchas mujeres. Unas la miraban con envidia, otras con desdén y muchas con deseos. Pero parecía que solamente se había fijado en él. Esto le halagaba enormemente.

Él la miraba descaradamente dejando su vista fija en las piernas de la chica. Ella, dándose cuenta, fue separándolas lentamente hasta mostrarle la protuberancia de su sexo bajo la tela del bañador. Él la miró a la cara y le hizo un guiño. Ella sacó la lengua sensualmente y se la paso por los labios. Después se marchó hacía el agua de la playa con pasos ágiles y rápidos. Sin pararse se sumergió en el agua. Él la estuvo siguiendo con la mirada. No se atrevía a moverse por la erección que le había provocado el juego erótico de la chica. No obstante apeló a su experiencia y poniéndose la toalla a modo de parapeto se dirigió hasta la playa. En la orilla, tiro la toalla en la arena y de un salto entró en el agua. Al contacto con el frío del agua le bajo la tensión y se fue nadando lentamente hasta donde estaba ella. Lo estaba esperando, se notaba que lo esperaba. Al acercarse, ella sonrío y jugueteo con el agua. El se le acercó y la besó en el cuello sorprendido de su propia osadía. Ella se dejaba hacer y jugaba con sus piernas enlazándolas con las de él. Así estuvieron un rato, jugando ella a encelarle y él a besarle en la boca, cosa que no conseguía. Ella nadaba muy velozmente y se escapaba cuando quería de sus abrazos.




 


Con las piernas entrelazadas en las de él, ella sonrió maravillosamente y le dijo.

-Parece que te bajó la tensión

El se quedó un poco sorprendido por el desparpajo de la chica sin saber que contestarle. Mantuvo sus piernas entrelazadas con las de ella sin dejar de nadar, sin dejar de moverse. Ella bajo la mano y la puso sobre su entrepierna. La erección volvió a sentirse velozmente.

Vamos mar adentro.- dijo ella

Nadaba como un pez. Suavemente pero avanzando muchísimo, tanto que a él le costaba trabajo seguirla y eso que era buen nadador. Se adentraron tanto que apenas si distinguían a las gentes de la orilla. Ella se detuvo y comenzó a bucear alrededor de él. En una de las zambullidas salió con el bañador en las manos y con un mohín coqueto se lo lanzo a la cara. Al emerger del agua dejo al descubierto su figura espléndida de cintura para arriba. Los senos se ofrecían a la vista de él con toda su belleza. Brillaban a la luz del Sol por el efecto del agua de forma maravillosa. De los pezones caían gotitas de agua que a él se le antojaban de néctar divino y ya solo pensó en besarlos.
Después de un momento de contemplarla en silencio se acerco y le beso largamente en los senos. Primero con lentitud, después con pasión y finalmente desesperadamente. Cuanto más le besaba los pechos mas los deseaba. Los acariciaba, los besaba como si fuese la última cosa que fuese hacer en la vida. Ella se dejaba acariciar ofrecida y esplendorosa. Con un movimiento rápido,  ella, se sumergió y sin grandes esfuerzos le quitó el bañador y dejo que se hundiese hasta el fondo. Después acaricio el erecto miembro de él de forma intensa. Él quería poseerla allí, en el agua, pero ella le huía se le acercaba y le huía. Le acariciaba el miembro pero no dejaba que se consumara la unión entre los dos. El cada vez estaba mas excitado, más ansioso de aquel cuerpo de mujer. No se daba cuenta de que se estaban alejando mucho de la playa. Solamente se veía la orilla. Ya no distinguían a los bañistas. El solo quería el cuerpo de ella. Ella jugaba a encelarle y a huirle cuando el se aproximaba los bastante como para iniciar el contacto sexual. Ella de pronto se paró y le beso en la boca poniendo toda su pasión en aquel beso. Se ajusto tanto al cuerpo de él, que era como si aquel beso fuese él más bellos de los orgasmos. Él estaba al borde del clímax. Ella sin dejar de besarlo giraba en su entorno subiendo y bajando sonriéndole con una mueca burlona. De pronto ella lo abrazó fuerte. Él sintió que sus senos se pegaban a su pecho y notó la turgencia y frescura de ellos. Intento aproximar sus piernas a las de ellas y notó algo frío y viscoso. No le dio importancia, estaba totalmente poseído por los encantos de aquella maravillosa mujer. Ella le besaba en la boca apasionadamente. Se fueron hundiendo lentamente sin dejar de besarse. A él le faltaba el aire. Todo su cuerpo era pasión, fuego, deseo. Él cerró los ojos y trato de abrir la boca para coger aire. No pudo hacerlo, estaba debajo del agua. Intentó subir a la superficie moviendo fuertemente los brazos, pero ella lo atrapaba con sus besos y su abrazo intensamente sensual. Ella lo arrastraba hasta el fondo a gran velocidad. En pocos segundos dejó de ver la luz del Sol y una oscuridad total se apoderó de  su ser. Ella entonces le cogió de los brazos y le condujo hasta la sima marina. En pocos minutos deposito el cuerpo inerte de él en una cueva donde varias figuras femeninas se acercaron para contemplar el triunfo de ella, la mejor de todas. La reina de las sirenas del mar. Estuvieron largo rato mirándolo y después ofrecieron su cuerpo a una roca que asemejaba la imagen del dios Neptuno. Todas las sirenas bailaban alrededor de su reina. Todas bellísimas, todas con su enorme cola de pez en un cuerpo de maravillosas mujeres.

Otro año, otra playa, otro chiringuito. A lo lejos emerge de las olas una bellísima mujer que se va acercando a la playa lentamente. Mientras se acerca su potente cola de pez se va convirtiendo en dos maravillosas piernas  y las escamas en un bonito bañador de lycra ajustado a su cuerpo como si de una segunda piel se tratase. Al llegar a la orilla, mira hacía el chiringuito donde varios hombres jóvenes beben cerveza. Ella se para a escoger su próxima conquista. Su siguiente victima. Se acerca a la orilla y despliega sus encantos ante la mirada desafiante de un chico moreno.